El lugar

Mahahual es una pequeña ciudad que se asoma al mar Caribe en el estado de Quintana Roo, ubicado en la parte más sur oriental de la península de Yucatán y confina con Belice.

Es la última frontera situada entre el arrecife y el manglar que hace algunos años era un pueblito de pescadores y hace poco se ha vuelto destino de cruceros provenientes de EE.UU., los cuales atracan en un muelle llamado Puerto Costa Maya que se encuentra cerca del centro urbano.

Para Mahahual no es suficiente ser visitada por una multitud de turistas ocasionales que bajan de los cruceros. Mahahual tiene una identidad, un ánima sensible que lo ha puesto en primera línea y a la vanguardia en la lucha en contra de la contaminación para proteger el arrecife y el manglar.

Mahahual tiene un espíritu indómito que lo ha hecho resurgir muchas veces, la última, fue en el 2007 después del devastador huracán Deán, uno de los más desastrosos del último siglo.

La pequeña comunidad italiana que se ha establecido aquí desde hace algunos años, construyendo hoteles y restaurantes respetando el ambiente y la estética del lugar, sobresale por su conciencia ecológica y participa activamente a las iniciativas que, a ritmo continuo, traen centenares de personas de todo el país, incluyendo la capital del estado y también del exterior para dedicar unos días de “limpieza de las playas”.

Mahahual tiene un extraño destino, juntar a causa de las corrientes oceánicas, toneladas de plástico flotante provenientes de varios países que amenazan la integridad de los frágiles, cuantiosos y maravillosos corales y toda la flora y fauna que viven en el ecosistema arrecifal.

Cada año en Mahahual se recogen centenares de costales llenos de botellas y latas, destinándolos al reciclaje, provenientes no solo de las costas de América del sur y del norte y a veces sino también de las de Europa. Mahahual no se debe dejar sola en esta lucha para salvar el ambiente, una lucha que aunque infatigable es también alegre pues se convierte en una fiesta colectiva.

A pesar de que la negligencia del género humano crea problemas donde los habitantes de Mahahual no son mínimamente responsables aun prodigándose para resolverlos, aquí la Madre Naturaleza ofrece uno de los escenarios caribeños de vehemente belleza: cándidas playas, palmeras, manglares, delicados amaneceres y encendidos atardeceres, una inmensa variedad de peces y pájaros; los habitantes, por  su parte, recurren al antiguo arte de tejer palapas con techos de hojas de palmeras entrelazadas que obligan a que ninguna construcción supere los dos pisos de altura. De esta forma, en el horizonte de Mahahual, prevalecen los árboles, un océano azul al este, un océano verde de selva al oeste y un cielo caprichoso en donde las fragatas de grandes alas negras navegan, a veces inmóviles, aprovechando las corrientes de aire.